En un mundo regido por lo rápido, lo instantáneo y la considerada fast life –o vida rápida-, se instaló una ola de lentitud, defensa de la biodiversidad, educación del gusto y dedicación al placer. El Slow Food, cuyo símbolo es un caracol, fue fundado para contrarrestar la cultura fast food. Es un movimiento internacional originado en Italia, ha formando asociaciones en varios países promoviendo sus prácticas. Entre ellas, las personas que adoptan esta filosofía no se consideran consumidores, sino coproductores de alimentos.

Su máximo exponente es Ann Wigmore (1909-1993) Fue la pionera en usar “weathgrass” –o jugo de pasto– y las dietas desintoxicantes para mente, cuerpo y espíritu. También debe señalarse a David Jubb, quien impulsó la comida naturista y un estilo de vida terapéutico de rejuvenecimiento celular.
Según el Slow Food, la alimentación debería ser limpia, sana y justa en cuanto al comercio de la misma. Los alimentos que deben ser producidos sin dañar el ambiente ni los animales ni salud de la persona. Esta es, justamente, una de las razones por la que rechaza totalmente a la comida chatarra, la cual da más trabajo al cuerpo, contiene pocas proteínas, muchas grasas y deja más residuos.
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